About the author

Matt is the author, co-author, secondary-author, ghost-author, and non-author of articles, speeches, book chapters, and even entire books! Next will be the bestseller "Losing My Religions." Currently, he is President of One Step for Animals; previously, he was shitcanned from more nonprofits than there is room to list here. Before Matt’s unfortunate encounter with activism, he was an aerospace engineer who wanted to work for NASA to impress Carl Sagan. His hobbies include photography, almost dying, and {REDACTED} He lives in Tucson with Anne and no dogs, no cats, and no African tortoises (although he cares for all of these).

Saturday, November 22, 2014

Extracto de Carta al Joven Matt


Un capítulo de The Accidental Activist; texto leído en una conferencia de 2009 en Chicago.

Una de las cosas que las personas veganas desde hace mucho suelen olvidar es lo duro que puede resultar ser vegano en nuestra sociedad. Yo lo he olvidado, en buena parte porque estoy casado con una vegana, tengo una hija vegana y tengo literalmente miles de amigos y compañeros veganos.

Pero si me pongo a recordar cuando me hice vegano hace más o menos dos décadas, recuerdo lo duro que resultaba. No solo por el hecho de encontrar comida vegana (aunque era bastante más duro en aquel entonces), sino por vivir en un mundo no vegano. Finalmente había llegado a darme cuenta de la brutalidad que tenía lugar de manera oculta, pero a mi alrededor a nadie parecía importarle. Incluso peor, ¡se burlaban de mí y me atacaban por ser vegano!, quiero decir, ¡no solo apoyaban esa crueldad sino que me ridiculizaban por no comer animales!

Así que, cómo no, tenía que mostrarles lo ético que yo era, cuánta crueldad podía eliminar de mi vida y hasta dónde estaba dispuesto a llegar por los animales. Ser vegano se convirtió en mi principal rasgo de identidad, y me obsesioné con justificar e idealizar el veganismo (y, por lo tanto, a mí mismo). Los debates sobre el lenguaje, la filosofía y la teoría llegaron a ser de vital importancia para mí. Tenía que participar en cualquier acto de protesta que tuviese lugar, no importa lo lejos que tuviese que conducir, que hiciera temperaturas bajo cero o que fuese arrestado. No podía "dar la espalda" a los animales. ¡Así me entregaba a la causa!

Mucho me temo que si mi yo de 21 años se encontrara con mi yo de 41, mi yo anterior sentiría asco de mi yo actual. El joven Matt consideraría al Matt actual un cobarde intelectual, un vendido patético, un traidor del veganismo. Me temo que no habría nada que pudiese decirle para cambiar su parecer. Así de puro, cabreado y obsesivo era.

Pero a veces me pregunto qué le diría si tuviese la oportunidad.

La lección más importante que he aprendido en los últimos veinte años es que en el corazón de lo que verdaderamente importa está el sufrimiento. En aquel entonces, aunque estaba completamente seguro de saberlo todo, en realidad no sabía nada sobre el sufrimiento. Desde entonces he contraído y padecido una enfermedad crónica y he pasado por momentos en los que creí que iba a morir, momentos en los que deseé morir. En aquel entonces me preocupaba sobre asuntos abstractos, palabras y principios. Discutía sobre explotación, opresión, liberación.  No me tomaba el sufrimiento en serio. Ahora, conociendo de verdad lo que supone sufrir, y sabiendo cuánto sufrimiento hay en el mundo, todas mis preocupaciones anteriores parecen, bueno... por decirlo de manera suave... ridículas.

No sé cómo podría transmitir esto a mi yo de aquel entonces, quien nunca supo realmente qué era el sufrimiento. Aun así ahora veo de manera clara que cuando tomamos una decisión deberíamos decidir en base a qué nos lleve a la menor cantidad de sufrimiento. Esta es la cuestión de fondo: que algo es bueno, justo y ético si causa menos sufrimiento que sus alternativas.

Obviamente el joven Matt alardearía, "¡Por supuesto que tomo decisiones éticas, por eso soy vegano!". Pero esto es lo que no entendía en aquel entonces: lo que pongo en mi boca es solo una pequeña fracción de lo que importa.

En aquel entonces, al estar rodeado de personas que comían carne me obsesioné con las cosas que estaban bajo mi control: mi pureza personal. Fue tiempo después cuando me di cuenta de que a pesar de todo mi discurso sobre "los animales" en realidad me estaba protegiendo y proyectando a mí mismo.

Me llevó literalmente años llegar a entender que hay mucho más en la vida que mi propia pureza y mi propia rectitud. Pero las cosas que tan obvias me parecen ahora (como la crucial importancia del sufrimiento) nunca llegaron a calar a través de mi enfado y mi auto convencimiento.

Como se suele decir, una persona inteligente aprende de sus errores, pero una persona sabia aprende de los errores de los demás. Otro error en el que solía quedar atrapado era "¡haz algo, haz lo que sea!". Si tenía lugar algo "por los animales", yo tenía que estar ahí. Nunca se me ocurría pensar en qué tipo de resultado constructivo conseguiría la acción, cómo de efectiva era la acción, o qué podía hacer alternativamente con mi tiempo y recursos. Solo pensaba en mostrar mi dedicación, en expresar mi furia.

Pero por supuesto, las expresiones de furia no van a conseguir la liberación animal. Finalmente llegué a entender que si realmente me importaba algo más allá de para desfogar mi furia, mis acciones tenían que formar parte de una estrategia razonada y lógica. Y que el plan debía ser realista, no basado sencillamente en mis deseos y en mis reivindicaciones de lo que "tenía" que ser. Dicha estrategia tiene que asentarse en cómo es el mundo en realidad, aprendiendo de lo que nos enseña la historia sobre cómo cambian las sociedades y lo que nos dice la psicología y la sociología sobre la naturaleza humana  y cuáles son nuestras capacidades en ese momento (1, 2).

Resulta vital comprender nuestras capacidades. No disponemos de recursos infinitos. En realidad tenemos extremadamente poco tiempo y dinero, especialmente si lo comparamos con el de las industrias que explotan a los animales. La mayoría de presupuestos de los grupos de base no llegan ni al millón de dólares al año. Es cierto que el presupuesto de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) es mayor, y que The Humane Society of the United States (HSUS) tiene alrededor de cien millones de dólares anuales de presupuesto. Pero comparemos con los de las empresas que explotan animales: en 2007, solo dos de estas empresas (Tyson y Cargill) tuvieron beneficios de unos 115 billones de dólares. ¡Billones, con "B"!

¡Ya solo sus presupuestos para publicidad empequeñecen nuestros recursos!
Tras años de activismo sin objetivos y lleno de furia, finalmente me di cuenta de que si de verdad me importaban los animales tenía que maximizar la cantidad de resultados que obtenía con mi limitado tiempo y recursos. Y que para hacer tal cosa, tenía que poner a un lado mi ego y parar de centrarme en aquello que más me enfurecía. Por el contrario, tenía que empezar desde las dos lecciones fundamentales que me llevaron tanto tiempo aprender:

  • El sufrimiento es inherentemente indeseable, y por lo tanto eliminar el sufrimiento es el objetivo  final.
  • Cada vez que elegimos hacer una cosa, estamos eligiendo no hacer otra.

He leído y debatido mucho, pero por mucho que lo he intentado no he sido capaz de desprenderme de estas nociones verdaderas:

Eliminar el sufrimiento es el objetivo final y cada vez que elegimos hacer una cosa estamos eligiendo no hacer otra.

Mis principios provienen de estos dos hechos. Mis objetivos fundamentales: eliminar tanto sufrimiento como sea posible. Todo lo que hacemos proviene directamente de esto. Tomamos nuestras decisiones basándonos en cuál nos llevará a la menor cantidad de sufrimiento.

Por supuesto hay mucho más que tener en cuenta en términos de los cómo y los porqués del activismo más efectivo. Bruce Friedrich y yo hemos sintetizado las lecciones de nuestras décadas de activismo y de los conocimientos de cientos de activistas más en nuestro libro The AnimalActivist's Handbook.

A pesar de todo el horror y sufrimiento que tiene lugar, si nos decidimos por actuar a largo plazo y estamos dispuestos a destinar nuestro limitado tiempo y recursos al trabajo que se necesita hacer, deberíamos ser profundamente optimistas. Si nos tomamos en serio el sufrimiento y nos comprometemos con una manera efectiva de hacer activismo, cada uno de nosotros puede generar cambios fundamentales cada día.

Por el número de víctimas que sufren y las motivaciones tras esta brutalidad oculta creo que la liberación animal es el imperativo moral de nuestro tiempo. Podemos ser la generación que posibilite este enorme avance ético. Deberíamos disfrutar (¡Sí, disfrutar!) por la libertad y la oportunidad que tenemos, ¡la oportunidad de formar parte de algo tan profundo! Una vida dedicada a algo así resulta más significativa y feliz que cualquier otra que pueda imaginar.

No tenemos excusa para esperar. Ponernos en marcha de manera significativa y concreta por los animales no requiere más que tomar la decisión. No necesitas hacer un grupo. No necesitas aprobar una ley. Solo necesitas tomar la sencilla pero determinante decisión que cambiará tu vida siendo parte de este trabajo vital.

En el fondo, en nuestros corazones todos sabemos que a pesar de lo que pensemos de nosotros mismos, nuestras acciones muestran quiénes somos realmente. Cada uno de nosotros podemos tomar la decisión justo ahora, justo aquí. La decisión de unirnos y dedicar nuestras vidas a un propósito mayor que nosotros mismos: maximizar la cantidad de efectividad que logramos, cambiar realmente el mundo para mejor.


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